Cobh… última parada del Titanic

by Alberto Sesma Mendía

Estacion de Cobh

Domingo 21 de junio, nos despertamos con una día soleado donde los haya y sorprendentemente caluroso, que para ser las islas no estuvo nada mal (nada comparado con nuestro solete español, claro está, que lo echamos mucho en falta).

Vagueamos durante toda la mañana y preparamos la comida para partir prontito hacia el otro pueblo de al lado, Cobh, que llevábamos días queriendo visitar. A las 2.30, nuestras amiguitas francesas, Paolo y Mamadou nos llamaron para meternos prisa porque íbamos a perder el tren de las 3 (los españoles siempre los últimos, por qué será…). El trayecto también duró una media horita, pero esta vez, fue bastante más cómodo que la anterior. Nos bajamos en una estación muy bonita y antigua en la que relataban un poco la historia del pueblo que, a pesar de ser muy chiquitito, tiene anécdotas interesantes. Por ejemplo, que fue la última parada del Titanic antes de hundirse y de algún trasatlántico más que no se hundió, afortunadamente, pero que se ve que les había dejado huella.

 Al salir de la estación, vimos que había mucha gente por todas partes y es que era día festivo porque se celebraba el día del padre así que había chiringuitos y puestos de globos, de helados, de comida artesanal por todas partes y, a pesar de estar recién comidos, tardamos poco en caer en la tentación de comernos un crepe y un heladito (Mmmm…). Una preciosa catedral con 52 campanas ( 4 arriba 4 abajo) que tintineaban al ritmo de canciones, fue el colofón para que nos enamorara e l encantador pueblo Cobh.

Plaza Mayor 

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 Panoramica

Catedral de 50 camapanas (+o-)

Estuvimos paseando un rato por las calles de Cobh, que no se si lo he dicho ya pero es un pueblo precioso, con mucho colorido y millones de cuestas, y estuvimos viendo cómo zarpaba un ENORME trasatlántico que había parado en el puerto. Impresionante, la verdad. De ahí nos dirigimos hacia la playita de rocas que nos había indicado la señora de la oficina de turismo. A pesar de que hacía un día precioso y soleadísimo a mi no me cogió el sol ni un poco, el resto ya tiene colorcillo y yo sigo más blanca que un ajo, joliiiiinnnn!!!!!!!!

 Bueno, a lo que iba, que fuimos hasta la ansiada playa que resultó no tener más de 50 metros y ni un grano de arena sino piedras, piedras y más piedras. Los osados de Alberto y Paolo metieron los pies y aguantaron pacientemente en remojo en un agua que cortaba a que yo les hiciera un reportaje fotográfico. Tras el chapuzón de nuestros valientes amigos nos sentamos en la orilla, en la que se estaba de lujo, y nos quedamos un rato descansando hasta que Alberto empezó a gritar: ¡Una foca, una foca! cuando vio una cabeza negra cerca de la orilla. Nos levantamos todos a la vez y empezamos a correr hacia ella emocionadísimos, claro, y de repente vemos como esa cabeza negra se empezaba a convertir en el cuerpo peludo de un perro que se estaba dando el primer baño de la temporada en la playita. Jjjjjjjjaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!! ¡¡¡¡Casi no tuvimos cachondeo ni nada!!!!

 Plaza

Chicas

Mar gélido

 

A eso de las 7, decidimos que ya era hora de volver a casa, o por lo menos de ir a la estación para mirar los horarios de los trenes de vuelta, que no teníamos ni idea. Vale, pues si llegamos a las 7.05, vimos que el tren se había ido a las 7.00 y ya el próximo no salía hasta las 9.30, ¡maravilloso! Estuvimos esperando un rato porque unos chicos con pintas de chungos nos dijeron que a las 7.30 salía otro; evidentemente, se lo habían inventado, porque allí no apareció ni una triste locomotora, y cuando nos hartamos, nos fuimos a dar otra pirivuelta por las calles de nuestro precioso pueblito junto con Yurena e Isma que se vinieron con el coche más tarde.

 Todos

Hambrientos de nuevo, bueno, más bien, con ganas de comer por pura gula, volvimos al centro del pueblo a un puestito en el que vendían unas bolas de espinacas y arroz tipo croquetas pero en grande, y unas empanadillas fritas con diferentes tipos de quesos. Riquísimas. Sano y sin grasa, ya veis. Cada uno eligió lo que más le gustó para hacer merienda-cena y Alberto y yo nos cogimos una de cada a medias. Tanto nos gustó la empanadilla, que era más bien empanadaza, que no nos resistimos a comprar la segunda. Como ya estaban recogiendo, la mujer, más maja que las pesetas, le dio a Alberto dos por una y vino saltando hacia nosotros cual niño de 5 años con una piruleta, dejando perpleja a Clemence!!

Reposando la cena 

Una hora más tarde, nos dirigimos de nuevo a la estación de tren para esperar con tiempo al nuestro. Al llegar, vimos que una pareja de la Garda, policía irlandesa, estaba con un grupo de 5 adolescentes semidesnudas y una pareja borracha de unos 35-40 años intentando calmar una discusión. Tenían un jaleo montado bastante grande, todos gritaban y estaban nerviosísimos, de hecho, una de las quinceañeras que estaba metida en el jaleo y que se paseaba en círculo como una loca de atar, vino hasta donde estábamos nosotros para pedirnos un cigarro y contarnos que le habían pegado un puñetazo en la cara. Daba un miedo… Pero para estas situaciones viene muy requetebién ser extranjero y hacer que no entiendes lo que te dicen, jijiji! Finalmente la Garda consiguió llevarse detenidas a las muchachas que gritaban encantadas: Arrested, arrested!

Cuando por fin llegó nuestro tren, la pareja de borrachos que estaba discutiendo con ellas se montó también y, aprovechando que nuestras amigas estaban en el baño, se quisieron sentar en sus sitios aunque estaban ocupados con sus cosas. Alberto, Mamadou y yo les dijimos que el sitio estaba ocupado pero la gorda, que le daba un poco igual, cogió los bolsos y los abrigos de las chicas y los empezó a tirar a los otros asientos del tren, estuviesen ocupados o no. Tanto es así que a Paolo le cayó el bolso de Julie por la cabeza… Afortunadamente, el novio borracho de la señora esta fuerte que era un poco más sensato se la llevó a otros asientos, esta vez sí, libres. De verdad, historias para no dormir! Pero es que esta pareja nos dio mucho juego porque ahí no acabó la historia. En mitad del trayecto vemos que la mujer se agachaba en el sentido de las piernas de su marido, novio o lo que fuera y que no se levantaba nunca… claro ¿qué íbamos a pensar nosotros que estábamos en el asiento de enfrente con una butaca tapándonos lo importante de la visión? ¡pues pensamos mal! Pero enseguida cierto olor a tabaco llegó hasta nuestras narices y vimos que lo que estaba haciendo la señora era fumarse un cigarrito escondida para que no le llamaran la atención. Aunque como para llamársela, pues te pega un revés que te deja toli para siempre!!!!

 

A eso de las 10 llegamos a Cork, ya sin más incidentes y como la estación de tren también está al ladito de nuestra casa, nos despedimos de la gentecilla en nuestra puerta y ya en casa vimos nuestro primer capítulo de “Perdidos” serie a la que, gracias a Yurena e Isma, estoy enganchadísima ya… Después, unos cerealitos y a la cama.