Blarney Castle

by Alberto Sesma Mendía

Segundo fin de semana en Cork, ya estamos en el ecuador de nuestro viajecillo, pronto se acaba, qué tristeza, Dios mío… Nos levantamos relativamente pronto, teniendo en cuenta que el día anterior nos acostamos a las 5 pues las 10 de la mañana es madrugar… no obstante, recogimos nuestro salón que, evidentemente, estaba hecho una piltrafa! Yo me fui de compritas con Julie y Clemente; y Alberto prefirió quedarse tranquilito en casa escribiendo el blog.

A las 2, supuestamente, era nuestro autobús para ir al Blarney Castle peeero lo perdimos, así que tuvimos que coger el de las 3.30, no sin antes comer unos deliciosos bocadillos en nuestra casita, con el solecito dándonos en la cara junto con una trole de francesas y un senegalés! Comida internacional donde las haya, no me digáis que no! Jeje! El billete para ir al pueblo de al lado (8km) nos costó la friolera de 6 eurazos por no reservarlo con antelación en Internet, tras media hora de viaje, llegamos a Blarney, buscamos el castillo y tras pagar la entrada entramos al ENORME recinto en el que encontramos un precioso castillo medieval en lo alto de una colina rodeado de un jardín verde y precioso. Ya os hemos dicho otros días que aquí los paisajes son espectaculares y este no era menos.

Entrada castillo

Tras pasear un rato por el jardín, entramos al castillo, vimos las diferentes dependencias en las que estaba dividido y por fin, llegamos a la parte más alta en la que se encuentra la famosa Stone of Blarney (piedra de Blarney) que, según la tradición, hay que besarla para que tengas fortuna durante toda tu vida. Pero no os creáis que es tan sencillo llevar a cabo esta hazaña… para hacer esto, tienes que tumbarte boca arriba junto a un precipicio, agarrarte a dos barras que hay sobre tu cabeza, sacar un poquito el cuerpo al vacío y finalmente besar la piedra salivada por todo visitante que se precie… Alberto fue el único de nuestro grupo que se atrevió a hacerlo [padres de Alberto, no os preocupéis, que había un hombre especialmente contratado para sujetar a los osados como él] y yo, como buena mandada y excelente fotógrafa (aunque él diga lo contrario), le saqué una foto en plena acción que podéis ver a continuación [sin haberlo deseado, me ha salido un pareado].

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Tras bajar por las tortuosas escaleras de palacio, nos dirigimos a la residencia de verano de algún Lord de estas tierras que estaba dentro del recinto palaciego. Bueno en verdad no sabemos qué era a parte de ser una casa muy bonita que, durante un momento, nos la agenciamos como residencia ficticia, je, je! Descansamos un rato tumbados en el césped en frente de la casita y, cuando tomamos fuerzas, emprendimos un paseo de 45 minutos hasta el lago, bueno, algo más, contando la vuelta…

Blarney castle Grupo en el árbol

Cansados te tanto verde tras un buen rato andando nos dirigimos a la parada del autobús para intentar coger el que pasaba a las 6.35… nunca llegó… pero la espera fue, cuanto menos entretenida. Julie se durmió sentada en el suelo apoyada en la marquesina y con las piernas extendidas, Alberto, pasando hambruna, el pobre, se comió una muffin más grande que su cabeza y Aurore, Clemence y yo (mucho más sanas) nos metimos entre pecho y espalda una bolsa de las grandes de gusanitos naranjas, mmm…

En nuestra mansión

A todo esto, una bióloga polaca que iba más pedo que Alfredo y también esperaba al autobús se dirigió a nosotros para hablarnos de sus vacaciones en España. Es que la tía estaba como una traca, no sabía más que decir: Huelva, Isla Cristina, Isla Cristina, ¡Súper!, Tenerife ¡Súper!, comida ¡Súper!, mujeres beautiful, mi marido… ooohhh!!!!! ¡¡Qué tía!!

A las 7.20, tras una horita de espera, llegó nuestro bus, no os penséis, que esto suele pasar en Irlanda a menudo, menos mal que nosotros no dependemos de los buses, pero nuestros amigos que sí, a veces se encuentran con la sorpresita de que su bus ha suspendido su trayecto y cosas así! Una vez nos montamos, Alberto decidió ser caballeroso y dejar a un anciano rojo de cara sentarse en su asiento. Este, que resultó ser un hombre bastante borracho y maloliente, rechazó su oferta agarrándolo y diciéndole lo majo que era por tal hecho. El olor de la camisa de Alber cuando nos dejó el hombre era un tanto… malo, vamos a ser finos, y nos hizo el trayecto de 8km más largo de lo que pensábamos…

In the garden

Al llegar a Cork, el bus nos dejó al ladito de nuestra casa y estábamos tan reventados que nos despedimos de nuestras grandecitas y nuestro senegalés preferidos hasta e día siguiente. En casa, tras la cenita nos dedicamos a ver fotos de viajes, en concreto el de China de Alber and family, y nos fuimos a dormir como benditos.