RAINY DAY

by Alberto Sesma Mendía

Empezamos nuestro día bastante reventados, con cierto dolor de cabeza, y mucha lluvia desde el punto de la mañana. Teniendo en cuenta que nuestro plan del día era ir a un pueblito de al lado de Dublín a la playa a ver leones marinos salvajes pues nuestro sentimiento de frustración fue considerable… bueno, realmente se nos pasó pronto porque decidimos darnos un lujillo y desayunar un capuchino y una muffin de chocolate grasienta y llena de calorías (chicas, vosotras ya me entendéis, sabéis que eso es la llave del cuerpo… a ver quién es la guapa que le dice que no a semejante manjar!).

Capuccino Alberto

Breakfast

Una vez nuestras panzas estuvieron llenas, decidimos que ya era hora de comprar un adaptador, porque andábamos rapiñando aquellos que se olvidaba la gente del albergue en los enchufes y como que no era plan! Así que fuimos a recepción, donde los vendían, peeeeero justamente ese día se les habían acabado ¡qué casualidad, oye! Así que el amable chico nos dijo que fuéramos en busca de una tienda de cosas de estas de electricidad y electrodomésticos y así a comprarlo ¡y allá fuimos! Tras costarnos un cojón y medio explicarle al dependiente lo que queríamos adquirir, el tío se puso a chillar: Deckwells, Deckwells!!!! Cogiendo a Alberto del brazo y sacándolo de la tienda. Podéis imaginaros nuestra cara… hasta que dedujimos que era el nombre de la otra tienda que tenían un poquito más abajo en la calle en la que seguro encontraríamos el objeto deseado… ¡De traca, vamos!

 

El resto de nuestro día pasó sin más incidentes, de hecho nos lo pegamos casi todo en el albergue actualizando nuestro super blog y haciendo un test para el College en el que vamos a estudiar. Fue un día casero a tope, solo que lejos de nuestras casas…

 

Pero nuestro día, bueno, más bien nuestra noche, mejoró considerablemente, por qué? Pues porque recibimos la sorprendente llamada del Taliban [Miguel del Val, según el Tuenti y “El Tali” según Alberto, un amigo de éste último que vive y trabaja en Dublín] quien nos propuso salir y disfrutar de la noche dublinesa. Nosotros no nos lo pensamos dos veces y allí fuimos.

Con El Tali

Tomamos unas cervecitas en una terraza de un pub muy chulo, congelándonos de frío, pero ya se sabe que sarna con gusto… hasta que cerraron a las 2 o las 3 de la mañana. Y ¿dónde fuimos derechitos? Pues al sitio de la hamburguesa radiactiva del día anterior… ¡¡¡por si no habíamos tenido bastante!!! Y nos hinchamos a patatas fritas… A todo esto, el teléfono de “El Tali” sonó y un amigo suyo de Soria le habló de una fiesta Erasmus allá donde Dios perdió la sandalia. Nosotros, a pesar de que Mariana quería irse a dormir, allí nos encaminamos, no sin antes comprar algo de beber, porque nadie puede ir a una fiesta Erasmus sin bebida… y compramos una botella de vino blanco para los tres en un restaurante Hindú que estaba abierto a aquellas horas [sí, es bastante flipante, pero ya veréis después] en el que había una especie de enorme bote lleno de líquido amarillo y con espuma, algo así como una meada de uno de sus elefantes de la India… Lo sabemos, es asqueroso, pero peor fue verlo así que ¡¡¡prohibido quejarse!!!

Por fin, llegamos a la tan nombrada fiesta en un barrio residencial de la ciudad en la que no conocíamos a nadie ni nadie nos conocía a nosotros, solo nos abrieron la puerta sin preguntar y nos dijeron: ¡hala, pasad! El mundo Erasmus es genial… y allí nos aposentamos en una esquina de la cocina, con una DJ friky y hablando con una suiza que, al parecer, no tenía muchos amigos y se nos arrejuntó como quien se agarra a un clavo ardiendo pues su novio, de Santander, no le hacía ni caso, hasta que vio a Alberto y al Tali y vino a marcar territorio echando una meadita… Por cierto, allí Alberto, todo animoso se puso a beber de un brebaje negro que resultó ser ron con coca cola, afortunadamente!

Alberto y el Tali

Mariana-corta-cabeza-de-alberto

Esto es amor

Otra de las cosas increíbles fue cuando vimos el amanecer por la ventana de la abarrotada cocina, no nos sorprendió porque estuviera amaneciendo sino más bien porque solo eran LAS CUATRO DE LA MAÑANA y ya parecían las 8!!!

A eso de las 4.30 decidimos volver a casita. Cogimos un taxi y nos dejó en una de las calles principales de la ciudad, en la que se encuentra la estatua de Molly Malone, una pescadera/ prostituta cuya historia no nos sabemos… pero con la cual nos sacamos una foto, que no se diga…

Molly Malone

 

Eran ya las 5 de la mañana cuando dejamos de hacer el tonto por las calles de Dublín (monkeying arround, como se dice en inglés) y por fin nos dirigimos hacia el albergue por una calle en la que nunca habíamos estado peeero en la que había un Mc Donald’s ABIERTO, así que a Alberto le entraron unas ganas irrefrenables de comerse una hamburguesa de las de 1€ nada más que por darle a Mariana, reventada ya de andar, en las narices… :S

 

Media hora después, POR FIN llegamos al albergue!